INTRODUCCIÓN
El mundo de la competencia, es el
mundo del transcurrir del tiempo, de las mudanzas, de los inicios y de los
finales, de la pérdida y el extravío. Se basa en actitudes, no en hechos.
Ignoramos lo que tenemos y tan solo lo apreciamos cuando desaparece, la presencia
nos deja indiferentes y la carencia nos atormenta hasta extremos insoportables.
Es un mundo de nacimientos y muertes, basado en la carencia, en la escasez, en
la pérdida, en la separación y en la extinción. Es un mundo que aprendemos, que
se nos implanta, solo el condicionamiento nos adapta a algo tan artificial como
ello, no es algo que se nos da, es algo que se nos impone; es selectivo en
cuanto a nuestra formación perceptual, inestable en su modo de operar e
inexacto en sus interpretaciones. El mundo de la competencia, se basa en la
creencia en opuestos, en voluntades separadas y en el perpetuo conflicto que
existe entre ellas, y entre ellas y la unión de voluntades. Lo que la
competencia ve y oye parece real porque sólo admite en la conciencia aquello
que concuerda con los deseos del competidor. Esto da lugar a un mundo de
ilusiones, mundo que es necesario defender sin descanso, precisamente porque no
es real. Una vez que alguien queda atrapado en el mundo de la competencia,
queda atrapado en un sueño claustrofóbico. No puede escapar sin ayuda, porque
todo lo que sus sentidos le muestran da fe de la realidad del sueño. Es un
mundo que, no por ser ilusorio es menos coherente y sólido.

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