lunes, 13 de febrero de 2012

desapego



En el mundo del conocimiento no existe ninguna sensación más trascendente que la de unión porque todos comparten una sola voluntad. Solo la búsqueda de conocimiento puede mediar entre los dos mundos, solo en ella podremos reconocer nuestros espejismos y dejar de creer en ellos. El objetivo de la búsqueda es ayudarnos a escapar del mundo ilusorio, enseñándonos cómo cambiar nuestra manera de pensar y cómo corregir nuestros errores, se trata de encontrar nuestra realidad, no la que a otros interesa que tengamos, se trata de salir del miedo y la soledad y de encontrar la proximidad de un camino común y entrañable. El desapego es el recurso de aprendizaje utilizado para llevar a cabo ese cambio en nuestra manera de pensar, solo viendo con claridad nuestros errores y su origen podremos dejarlos atrás y perdonarnos. Del conocimiento y de la competencia surgen dos sistemas de pensamiento distintos que se oponen entre sí en todo.

El "mundo real" en que percibimos vivir tan solo refleja las referencias implantadas que hemos recibido, lo que los dominantes de turno desean que percibamos, las carencias, deseos y emociones que han sembrado en nosotros como herencia de las sembradas en nuestros antecesores. Los seres humanos, en su formación intelectual, reciben proyecciones y desarrollan percepciones del mundo y la vida a partir de ellas. Generación tras generación, desde hace cientos de años, somos sistemáticamente aleccionados sobre qué clase de mundo debemos querer ver; con el flujo de los años proyectamos ese mundo fuera y lo transformamos en nuestra realidad vivencial, vemos y vivimos lo que creemos y esperamos ver y vivir, a partir de ese momento obtenemos una realidad a la medida de quienes planifican nuestro acondicionamiento, estamos listos para ser de plena utilidad a la pervivencia del sistema. Hemos sido exitosamente aleccionados para mantener estable la realidad que nos han implantado mediante las interpretaciones aprendidas de todo lo que vemos. En adelante, las aprendidas leyes de la competencia justificarán nuestros errores -nuestra ira, nuestros impulsos agresivos, nuestra carencia de amor- y maximizarán nuestra percepción y rechazo de la maldad, destrucción, malicia, envidia y desesperación a nuestro alrededor. Tan solo aprendiendo a desapegarnos de todo esto podremos escapar del infierno en vida en que nos precipita el mundo de la competencia, no porque al practicar el desapego nos volvamos buenos o caritativos, sino porque el mundo de la competencia no es real, es la pesadilla irreal que nos han implantado aprovechando la indefensión de la infancia. Hemos sido enseñados a distorsionar el mundo con absurdas defensas contra todo y contra todos y, por lo tanto, vivimos viendo lo que no está ahí, alzamos fortalezas inexpugnables contra amenazas inexistentes y permitimos que la soledad, la amargura y el miedo carcoman nuestra existencia. Por eso, tan solo en el lento y firme camino del desapego, a medida que aprendamos a reconocer nuestros errores, aprenderemos también a pasarlos por alto, es decir, a desapegarnos. Al mismo tiempo nos perdonaremos al mirar más allá de los conceptos distorsionados implantados de nosotros mismos, y comenzaremos a ver el ser de conocimiento que somos y a percibir el auténtico sentido de la vida. No será un camino fácil, no será un camino corto, pero será un camino de esperanza, de amor y de proximidad a la vida y a los demás, creedme, merece la pena.

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